jueves, 4 de abril de 2013

El día que la tierra se detuvo.


El día que la tierra se detuvo.


No es que en realidad haya pasado, al menos no para todos ustedes, pero ese día, el andar de mi globo terráqueo SE DETUVO, y quien habitaba en él decidió bajarse, y realmente en un momento pensé estar listo para que se bajara, pero con el tiempo descubrí que no era así, y vaya que el tiempo fue un factor elemental en esta situación, porque si bien es el remedio a todos los males, ¿por qué parece que anda de rodillas?

El plan ya estaba hecho, como siempre y como saben los que me conocen, no estoy muy abierto a hacer cosas imprevistas, el 99% de las veces me gusta que todo esté planeado y no dejar espacio a las eventualidades, derivado de mi obsesiva compulsión a controlarlo todo. La tarde pintaba para pasarla de maravilla, mi mejor amigo “buga” que años después abdicaría a la corona de Narnia, tú y yo, no podía pedir más.

Se acercaba el fin de clases de ese día, puente de 5 de febrero, todo estaba arreglado, películas, botana, chelas y seguramente una tarde de sexo y de estar dormidos y abrazados como casi todos los fines de semana que pasábamos. Sólo tenía que llamarte, porque siempre he pensado que tengo que tomar en cuenta el tiempo de la otra persona y consultarle si aún está disponible (inseguridad), y así lo hice: saqué de mi humilde cartera unos cuantos pesos, y marqué a tu casa (no lo hubiera hecho). Platicamos breve y quedamos de vernos pasada una hora.

Llegamos a tu casa, te presenté a O. y de repente, entre la plática comentaste la ya tan terrible y escandalosa frase de “necesito hablar contigo”. ¿Qué putas podía saber a mis 16 años lo que esta frase acarrearía? “NECESITO HABLAR CONTIGO”, tan sólo de escribirla ahora me pone los pelos de punta, la piel de gallina, vaya, se me enchina el cuero.



Sin más ni más, O. se despide e inmediatamente después comenzamos a platicar. Todo se resumió a “ya no quiero andar contigo” y a mi actitud de “perfecto, tengo ahora el tiempo para dedicarle a la escuela.” Tomé mis cosas y me dirigí a casa de O. para ver las películas. Poco a poco, la maquinaria del mundo, de MI MUNDO, comenzó a rechinar, a hacer ruidos espantosos, como si un tren a toda velocidad comenzara a desbaratarse, cuando de la nada, ZAZ… el mundo se paró….

Si bien a lo largo de 15 años he pasado por un sinfín de situaciones que lo único que me han traído es un conocimiento invaluable, no puedo dejar de lado ni mucho menos negar que ha sido a costa de lágrimas, dolor, momentos de desesperación, de ilusiones rotas, y es que ese es el meollo del asunto que me trae a escribirles.

¿Qué lleva al ser humano, en general, a comenzar relaciones y sobre todo a generar expectativas en el otro que poco a poco se convierten en ilusiones? ¿Por qué llegamos a realizar este tipo de “aventuras” sin consultar al otro u otra? Y es que al final de cuentas, duele la ausencia de la persona, si,  pero son los planes que no se realizaron los que calan en lo más profundo del alma, o al menos, eso es lo que me sucede.  Si, a mi también ya me llegó ahorita la punzadita en la boca del estómago.

Es inevitable sentirse ilusionado cuando te encuentras a esa persona que te pone a temblar todo el cuerpo, que te acelera el ritmo cardíaco y que entrecorta tu respiración. Poco a poco, y con la convivencia, las pláticas, las risas, comienza uno a vislumbrar un POSIBLE camino que tiene espacio para dos. Y en ese camino, uno se va topando con paisajes, con eventualidades, con señales que hay que hacerles caso, sé lo que les digo. Es un camino que lleva a un destino totalmente desconocido, pero es inevitable IMAGINAR el punto de llegada.

Ya imaginado el DESTINO de este andar de dos, pues nos engolosinamos y decoramos el camino, le ponemos curvas, rectas, subidas y bajadas, determinada flora y fauna SIN NI SIQUIERA VOLTEAR CON EL OTRO Y PREGUNTARLE ¿te gusta así el camino? o lo que es peor, no pedirle ayuda para decorarlo.

Y de pronto, hay que detenerse a la mitad de la nada y la otra persona se va… así…se baja de ese camino, abandona ese mundo y el mundo, SE DETIENE, y te dejan en un lugar que has creado para ti, para satisfacer tus vacíos, para llenar tus ganas de seguir adelante en este trayecto, que te impulsa a seguir pero simple y sencillamente no te puedes mover porque no sabes dónde estás, y todo lo que creaste PARA ESA PERSONA (que en realidad era para autosatisfacer tu necesidad de afecto y cariño) te recuerda a esa persona… Y DUELE.

No tiene nada de malo crear ilusiones en una relación, ni mucho menos planes a futuro, al final de cuentas, ESTOY CONVENCIDO que esos pequeños detalles son los que alimentan la relación, son lo que le permiten ver al otro/a que hay un interés de por medio por compartir un lapso de tiempo, un PARA SIEMPRE, lo que dure éste. El problema está, desde mi punto de vista, en que a veces, dejamos pasar de largo esas señales que nos dicen: OJO, el camino es sinuoso, lleno de baches, no lo decores, no lo adornes, recórrelo, familiarízate con él, apóyate en el otro para que encuentren una mejor vía y seguir transitando, que en el mejor de los casos, es juntos, platica, consúltale si ese camino es el adecuado o no. Es el camino que recorre tu mundo en el cual has decidido incluir a esa persona con todo lo que trae.

Duele la ausencia de la persona, por supuesto, sus abrazos, sus caricias, sus besos, su forma de coger o hacer el amor, sus palabras, su respiración… hasta que llega un momento en que su ausencia ya no cala tan profundo. El verdadero problema es ¿qué hacer con todas esas ilusiones y expectativas (chaquetas mentales diría mi padre) que hace uno mismo sobre la relación, sobre la persona, sobre la vida misma en pareja?

Es cuando Abel y Caín aparecen, por un lado, Abel reconoce que es bonito que en una relación existan estas ilusiones y expectativas, al final de cuentas, una expectativa tiene mucho que ver con lo que queremos y lo que no para nuestra vida, y las ilusiones son alimento del corazón, que ayudan a que el afecto, se convierta en cariño y tal vez en amor. Caín por su parte, sabe que eso hace daño, que lastima y lacera, que divide el alma en 7 o más partes y que después es difícil de juntar.

Pasaron 11 años, y esas ilusiones se fueron al caño, gano CAÍN… pero Abel está dando la batalla y fuertemente. Hay ilusiones que se pueden realizar, hay expectativas PROPIAS que debemos respetar y seguir al pie de la letra, pero sobre todo HAY QUE COMUNICARLAS al otro, para que entre los dos, determinen si van por la misma vía, por el mismo camino y hacia el mismo punto, que en realidad esa otra persona quiera habitar en tu mundo y tú en el suyo. 

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