El día que la tierra se detuvo.
No es que en realidad haya pasado, al
menos no para todos ustedes, pero ese día, el andar de mi globo terráqueo SE
DETUVO, y quien habitaba en él decidió bajarse, y realmente en un momento pensé
estar listo para que se bajara, pero con el tiempo descubrí que no era así, y
vaya que el tiempo fue un factor elemental en esta situación, porque si bien es
el remedio a todos los males, ¿por qué parece que anda de rodillas?
El plan ya estaba hecho, como siempre y como
saben los que me conocen, no estoy muy abierto a hacer cosas imprevistas, el
99% de las veces me gusta que todo esté planeado y no dejar espacio a las
eventualidades, derivado de mi obsesiva compulsión a controlarlo todo. La tarde
pintaba para pasarla de maravilla, mi mejor amigo “buga” que años después
abdicaría a la corona de Narnia, tú y yo, no podía pedir más.
Se acercaba el fin de clases de ese día,
puente de 5 de febrero, todo estaba arreglado, películas, botana, chelas y
seguramente una tarde de sexo y de estar dormidos y abrazados como casi todos
los fines de semana que pasábamos. Sólo tenía que llamarte, porque siempre he
pensado que tengo que tomar en cuenta el tiempo de la otra persona y
consultarle si aún está disponible (inseguridad), y así lo hice: saqué de mi
humilde cartera unos cuantos pesos, y marqué a tu casa (no lo hubiera hecho).
Platicamos breve y quedamos de vernos pasada una hora.
Llegamos a tu casa, te presenté a O. y de
repente, entre la plática comentaste la ya tan terrible y escandalosa frase de
“necesito hablar contigo”. ¿Qué putas podía saber a mis 16 años lo que esta
frase acarrearía? “NECESITO HABLAR CONTIGO”, tan sólo de escribirla ahora me
pone los pelos de punta, la piel de gallina, vaya, se me enchina el cuero.
Sin más ni más, O. se despide e
inmediatamente después comenzamos a platicar. Todo se resumió a “ya no quiero
andar contigo” y a mi actitud de “perfecto, tengo ahora el tiempo para
dedicarle a la escuela.” Tomé mis cosas y me dirigí a casa de O. para ver las
películas. Poco a poco, la maquinaria del mundo, de MI MUNDO, comenzó a
rechinar, a hacer ruidos espantosos, como si un tren a toda velocidad comenzara
a desbaratarse, cuando de la nada, ZAZ… el mundo se paró….
Si bien a lo largo de 15 años he pasado por
un sinfín de situaciones que lo único que me han traído es un conocimiento
invaluable, no puedo dejar de lado ni mucho menos negar que ha sido a costa de
lágrimas, dolor, momentos de desesperación, de ilusiones rotas, y es que ese es
el meollo del asunto que me trae a escribirles.
¿Qué lleva al ser humano, en general, a
comenzar relaciones y sobre todo a generar expectativas en el otro que poco a
poco se convierten en ilusiones? ¿Por qué llegamos a realizar este tipo de
“aventuras” sin consultar al otro u otra? Y es que al final de cuentas, duele
la ausencia de la persona, si, pero son
los planes que no se realizaron los que calan en lo más profundo del alma, o al
menos, eso es lo que me sucede. Si, a mi
también ya me llegó ahorita la punzadita en la boca del estómago.
Es inevitable sentirse ilusionado cuando te
encuentras a esa persona que te pone a temblar todo el cuerpo, que te acelera
el ritmo cardíaco y que entrecorta tu respiración. Poco a poco, y con la
convivencia, las pláticas, las risas, comienza uno a vislumbrar un POSIBLE
camino que tiene espacio para dos. Y en ese camino, uno se va topando con
paisajes, con eventualidades, con señales que hay que hacerles caso, sé lo que
les digo. Es un camino que lleva a un destino totalmente desconocido, pero es
inevitable IMAGINAR el punto de llegada.
Ya imaginado el DESTINO de este andar de dos,
pues nos engolosinamos y decoramos el camino, le ponemos curvas, rectas,
subidas y bajadas, determinada flora y fauna SIN NI SIQUIERA VOLTEAR CON EL
OTRO Y PREGUNTARLE ¿te gusta así el camino? o lo que es peor, no pedirle ayuda
para decorarlo.
Y de pronto, hay que detenerse a la mitad de
la nada y la otra persona se va… así…se baja de ese camino, abandona ese mundo
y el mundo, SE DETIENE, y te dejan en un lugar que has creado para ti, para
satisfacer tus vacíos, para llenar tus ganas de seguir adelante en este
trayecto, que te impulsa a seguir pero simple y sencillamente no te puedes mover
porque no sabes dónde estás, y todo lo que creaste PARA ESA PERSONA (que en
realidad era para autosatisfacer tu necesidad de afecto y cariño) te recuerda a
esa persona… Y DUELE.
No tiene nada de malo crear ilusiones en una
relación, ni mucho menos planes a futuro, al final de cuentas, ESTOY CONVENCIDO
que esos pequeños detalles son los que alimentan la relación, son lo que le
permiten ver al otro/a que hay un interés de por medio por compartir un lapso
de tiempo, un PARA SIEMPRE, lo que dure éste. El problema está, desde mi punto
de vista, en que a veces, dejamos pasar de largo esas señales que nos dicen:
OJO, el camino es sinuoso, lleno de baches, no lo decores, no lo adornes,
recórrelo, familiarízate con él, apóyate en el otro para que encuentren una
mejor vía y seguir transitando, que en el mejor de los casos, es juntos,
platica, consúltale si ese camino es el adecuado o no. Es el camino que recorre
tu mundo en el cual has decidido incluir a esa persona con todo lo que trae.
Duele la ausencia de la persona, por
supuesto, sus abrazos, sus caricias, sus besos, su forma de coger o hacer el
amor, sus palabras, su respiración… hasta que llega un momento en que su
ausencia ya no cala tan profundo. El verdadero problema es ¿qué hacer con todas
esas ilusiones y expectativas (chaquetas mentales diría mi padre) que hace uno
mismo sobre la relación, sobre la persona, sobre la vida misma en pareja?
Es cuando Abel y Caín aparecen, por un lado,
Abel reconoce que es bonito que en una relación existan estas ilusiones y
expectativas, al final de cuentas, una expectativa tiene mucho que ver con lo
que queremos y lo que no para nuestra vida, y las ilusiones son alimento del
corazón, que ayudan a que el afecto, se convierta en cariño y tal vez en amor.
Caín por su parte, sabe que eso hace daño, que lastima y lacera, que divide el
alma en 7 o más partes y que después es difícil de juntar.
Pasaron 11 años, y esas ilusiones se fueron
al caño, gano CAÍN… pero Abel está dando la batalla y fuertemente. Hay
ilusiones que se pueden realizar, hay expectativas PROPIAS que debemos respetar
y seguir al pie de la letra, pero sobre todo HAY QUE COMUNICARLAS al otro, para
que entre los dos, determinen si van por la misma vía, por el mismo camino y
hacia el mismo punto, que en realidad esa otra persona quiera habitar en tu
mundo y tú en el suyo.


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