jueves, 4 de abril de 2013

Por su atención: marca registrada


Por su atención: marca registrada

D. y su servidor comenzamos a vernos justo tres meses después de que M.  decidiera bajarse de mi mundo y no volver a rondar por cuenta propia en el (cabe señalar que como película, siempre veía su recuerdo andando es mis caminos). Fue “ligue a primera vista”, me invitaron a ver una exposición de artistas que iban emergiendo de las aulas de la Magna Casa de estudios del estado y ahí estaba, con su cabello cortado tipo “hongo” (muy 90´s) y un look desarreglado, desaliñado, vaya, artista al final de cuentas.

Nos presentaron y comenzamos a charlar, para que al final intercambiáramos números de teléfono, por lo que saqué mi NOKIA 5125 y anoté en mi agenda el teléfono. Todo iba muy bien, ya sabes, ecuánime, tranquilo, una persona más que conocí en un lugar por demás extraño (en aquellos entonces uno ligaba o en gay.com ® o en latinchat en la sala púrpura). D era una persona que sólo era un contacto más, yo seguía añorando que M. regresara a las andadas en mi mundo, pero él había decidido marcharse a Canadá a redescubrirse.

Comenzamos a vernos, porque nunca salíamos, simplemente nos veíamos, me decía que me quería, que yo era especial y claro que se la creí, carajo, hay que ser muy frío o de plano muy ojete como para no creer de repente que le puedes gustar a una persona, y que te quiere, y quiere lo mejor para ti, y te desea y quiere una vida a tu lado… bla bla bla bla… con el tiempo te das cuenta que se escucha bonito pero las acciones son las que en realidad valen la pena.

Sí, nos veíamos, si, todo el tiempo quería verme… después de 2 meses me atreví a realizar la pregunta que casi a todo mundo nos aterra, pero que nos  ayuda a ubicarnos mejor en espacio, tiempo y contexto: ¿QUÉ PEDO TÚ Y YO?




Desde que me inicié en este mundo de las citas con otros hombres del ambiente gay (y no tan gay) siempre me ha quedado claro que funciono de esta manera: estamos conociéndonos (es decir, si me invita a salir una vez por semana está bien, conozco a otras personas, las redes sociales están a la orden del día para aceptar cualquier propuesta de salida), estamos saliendo (es simplemente NO SALGO CON NADIE MÁS PORQUE NO ME INTERESA NADIE MÁS QUE LA PERSONA EN CUESTIÓN, así, con mayúsculas mortales) y el clásico es mi novio/pareja etcétera, que considero está muy claro y no requiere descripción.

Considero que las etiquetas son malas, la gran mayoría de las veces, pero hay otras etiquetas que a mí en lo personal me ayudan mucho. Las etiquetas de cuando estoy con alguien me ayudan a saber el terreno que estoy pisando y cuáles son los pasos que debo de dar y por donde. El no saber qué onda, el qué somos, me genera ansiedad, angustia y eso simplemente no me gusta.

Por esa razón, siempre cuestiono o aviento dicha pregunta “qué onda, ¿qué somos?” porque no me gusta andarle jugando al gato y al ratón. Siempre he considerado que si me dice un tipo que me encante “meramente amigos sexuales” lo puedo manejar, si me dice “sólo amigos porque no me gustas tanto” lo puedo manejar, o si me dice “eres el amor de vida” también lo puedo manejar, pero que me diga “pues vamos a ver qué pasa” no sé a ustedes pero en lo personal me genera estrés.

Las etiquetas considero nos ayudan a identificarnos con el otro, a saber si se está andando por el mismo camino o de plano las direcciones son totalmente opuestas. El poder definirle a una persona después de un período de tiempo, que etiqueta tiene la dinámica que han iniciado permite al otro poder tener la seguridad y la certeza que lo que ha iniciado tiene un trayecto y un destino, sea cual fuere.

Hay dos situaciones que pueden presentarse y que es importante estar atento a las señales que van apareciendo a lo largo de la convivencia; son muy sutiles, casi imperceptibles, pero si se pone atención, el protocolo de estar “conociendo”, “saliendo” o lo como lo llamen, será más placentero.
La primera es cuando te dicen “es que no sé, es muy pronto.” Y es válido, muy válido que te digan que realmente no saben que les depara el futuro, que desean construir o andar con la otra persona, pero ¿después de cuánto tiempo? Ya cada quien sabrá cual es el mínimo y máximo de tiempo en donde realmente pueden soportar el que la otra persona no les sepa definir bien cómo andan (el mío va desde los 4 a los 6 meses aproximadamente).

El segundo y el más letal a mi juicio, es aquel tiempo que la otra persona te hace esperar AÚN SABIENDO que nada va a surgir entre ambos. Simplemente se sabe, se sabe cuando alguien va a quedarse en tu vida un buen rato y cuando de plano esa persona es simplemente pasajera, que no va a fructificar dicha relación (si es que le llamaron relación). Y le pedo no es de la persona, es que UNO DECIDE CREERLES.

Caín sigue apabullando en esta constante batalla; ya que piensa que es indispensable ver las señales, desconfiar, no poner toda la carne al asador, que hay que desconfiar, que va muy de la mano con la no sé si tan nueva o vieja psicología de las relaciones que es NO ENTREGARLE TODO A LA PAREJA, hasta el mismo Freud en algún momento lo comentó. Hay que saber cuándo detenerse y poder analizar todo lo que está sucediendo, pensarlo… y no es tan mala idea: AMAR CON LA CABEZA.

Abel como siempre, piensa totalmente lo contrario. Abel es ese que se avienta, que le gusta arriesgar el todo por el todo con la idea de que ESA PERSONA ES LA PERSONA con la cual se pasará el resto de la vida. Abel es ese chico que sueña con encontrar a esa persona con la cual va a llegar a viejitos, con nietos de los hijos que adoptaron, con la plena conciencia que se tiene que luchar, que el amor es de sentirlo y de trabajarlo día con día entregando todo, sabiendo que puede perder a esa persona, pero jamás la capacidad de AMAR.

Lo que creo ahora es que ni Abel ni Caín ganaron esta batalla, lo considero un EMPATE, dónde la razón debe ayudar a Abel a darse cuenta que hay que llevar a veces las cosas con inteligencia, pero sin dejar de lado de entregarse al máximo… a SU DEBIDO TIEMPO, por su lado, Caín puede descubrir que no tiene nada de malo definir las situaciones, a través de los sentimientos y no sólo de la razón, porqué ¿qué sería de esta vida sin las locuras del amor?

1 comentario:

  1. Estaríamos destinados a vivir todo igual, las locuras nos fortalecen, nos dan experiencia y aunque a veces llegan a ser "dolorosas" o difíciles de olvidar, creo que siempre vale la pena arriesgarse, a fin de cuentas, en su momento la pasaste bien y fuiste feliz :D....

    ResponderEliminar